La 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas se reúne en un momento particularmente complejo para el sistema internacional. Las guerras, la rivalidad entre grandes potencias, las crisis humanitarias, el cambio climático, la inteligencia artificial y la pérdida de confianza en las instituciones multilaterales han puesto a prueba una organización creada hace ocho décadas para impedir que los conflictos destruyeran nuevamente el orden internacional.
En este escenario, Colombia llegó a Nueva York con un mensaje diferente al de los últimos años. La intervención del vicepresidente José Manuel Restrepo, quien leyó el discurso preparado por el presidente Abelardo De La Espriella, planteó una revisión de la eficacia del sistema multilateral, reivindicó la soberanía de los Estados y puso en primer plano la seguridad, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, la inversión, la tecnología y las alianzas estratégicas.
Hay aquí un mensaje positivo que merece atención: la discusión sobre la ONU no debería reducirse a defenderla o atacarla. El verdadero debate es cómo hacerla más eficaz.
Incluso desde Naciones Unidas se reconoce el problema. El secretario general António Guterres, en su última intervención ante la Asamblea, llamó a enfrentar las guerras, el cambio climático y los riesgos de la inteligencia artificial, y reclamó reformas de las instituciones internacionales. La propia presidencia de la Asamblea ha colocado la recuperación de la confianza y la reforma del sistema multilateral en el centro de su agenda.
El resultado de esta Asamblea deja, por tanto, una paradoja. Por una parte, Naciones Unidas sigue siendo el único espacio verdaderamente universal donde los Estados pueden encontrarse, negociar y formular reglas comunes. Por otra, su capacidad para responder a las grandes crisis es cuestionada por la lentitud institucional, los bloqueos políticos y la dificultad para hacer cumplir decisiones.
La solución no puede ser abandonar el multilateralismo. Para países de tamaño medio como Colombia y para América Latina, un mundo gobernado exclusivamente por la capacidad económica o militar de las grandes potencias sería particularmente complejo. Las reglas internacionales ofrecen a los Estados con menor poder material instrumentos para defender su soberanía y sus intereses.
Pero defender la ONU tampoco significa negar sus problemas.
Hay que reformarla.
Eso implica fortalecer la capacidad de prevención y solución de conflictos; hacer más transparente y representativo el sistema de Naciones Unidas; revisar el funcionamiento del Consejo de Seguridad; reducir burocracias innecesarias; mejorar la ejecución de los programas; garantizar recursos suficientes y exigir resultados verificables.
También significa recuperar algo fundamental: la credibilidad. Las normas internacionales pierden autoridad cuando se aplican selectivamente. El derecho internacional humanitario, la protección de los civiles y los principios de la Carta de Naciones Unidas deben ser defendidos independientemente de quién sea el Estado involucrado. La propia apertura de esta Asamblea ha insistido en que la confianza solamente puede recuperarse mediante resultados y coherencia.
Para Colombia, este debate tiene una importancia especial. El país puede defender simultáneamente su soberanía, fortalecer sus alianzas estratégicas y participar activamente en la construcción de un multilateralismo renovado. La cooperación internacional en seguridad, comercio, tecnología y lucha contra el crimen transnacional puede ser compatible con una política exterior autónoma, siempre que existan límites claros. La ONU no necesita ser perfecta para ser necesaria. Necesita demostrar que puede cambiar. Y Colombia tampoco debería limitarse a preguntar si Naciones Unidas funciona. Debería participar activamente en la respuesta: proponiendo reformas, construyendo coaliciones regionales y defendiendo un orden internacional basado en reglas.
El gran desafío de esta Asamblea no es escoger entre soberanía y multilateralismo. Es demostrar que ambas pueden coexistir.
Porque en un mundo cada vez más fragmentado, fortalecer las instituciones internacionales no significa reducir la soberanía de los Estados. Significa crear reglas que permitan ejercerla sin que la ley del más fuerte termine reemplazando al derecho internacional.
Exdiplomática, escritora y analista internacional
https://listindiario.com/puntos-de-vista/20260929/onu-hora-decisiva-reformar-desaparecer_924076.html

