[vc_row css=».vc_custom_1423751086688{margin-bottom: 0px !important;}» parallax_background=»»][vc_column][vc_column_text css=».vc_custom_1565906146198{margin-bottom: 38px !important;}»]Todos estamos de acuerdo en que las próximas elecciones serán las más importantes que tendrá el país en los últimos 50 años.
En ellas se definirá el rumbo del país, es decir: avanzaremos o retrocederemos en la historia, para quedarnos sepultados en el atraso y en la violencia.
Lo lamentable de ello, es que ni el pueblo colombiano tiene conciencia de tal importancia, y la clase política con sus honrosas excepciones, carecen de un carácter con espíritu nacionalista, que solo se centran en sus propios egos, y no saben que con ello, solo ganará el peor y el que menos se piensa.
Colocar al país a esta suerte, es como apostar a los dados, y corremos el riesgo de acabar por resquebrajar la democracia y sus instituciones, que tan golpeadas se encuentran a causa de la corrupción, la falta de credibilidad en los partidos políticos que tienden a desaparecer, al debilitamiento de la justicia con su cartel de la toga, a la falta de justicia social, entre otros tantos males que tenemos.
Desafortunadamente a la gente de bien no se le permite participar en las contiendas políticas, o tampoco quieren hacerlo para que no se les señale después de corruptos o de delincuentes. Antes era un honor formar parte de alguna de las tres ramas del poder público, hoy es una vergüenza y un negocio.
Los partidos aún no han hecho su purificación al interior de cada uno de ellos. Las drogas, la corrupción, las componendas y los carteles al parecer aún existen dentro de estas organizaciones, a tal punto que algunos candidatos prefieren salir a recoger firmas que salir elegidos al interior del partido que ellos mismos crearon, pues la corrupción es tanta que tendería a desaparecer su organización política si en realidad se hace una verdadera depuración al interior de la misma.
El país vive en una sociedad en crisis, y es un laboratorio de sus conflictos y de sus soluciones. Lo ideal es que el pueblo colombiano tomara conciencia y adoptara un cambio radical de actitud, superara el extenso período de violencia, discordia social y debilidad nacional causada por tantas guerras a lo largo de su historia.
Ahora, es el momento de que la nación entera se comprometa con la paz, con el progreso, con la justicia social, con el desarrollo y una educación a la altura de la época, de nuestra idiosincrasia y realidades propias.
Es el momento de que los candidatos se hagan elegir con programas discutidos con la comunidad, de posible ejecución y que beneficie a todos sin exclusión alguna. Es la hora de que acabemos con los cacicazgos, los discursos plagados de figuras retoricas, desinformación y populismo.
Los partidos y sus candidatos deben de tener de presente que la dinámica social de hoy es diferente. Un pueblo educado aprende a reclamar y a conquistar sus derechos en el contexto democrático a través de la negociación y el reclamo justo de sus derechos, sin olvidar que también tiene obligaciones para con la sociedad y el país.
Una nación sin educación y excluida termina como hasta ahora, en la violencia, el resentimiento y en la ilegalidad.
Debemos vivir en un mundo moderno en donde podamos diferenciarnos no solo por nuestra cultura, sino por nuestro compromiso con el país y con la sociedad en donde todos quepamos sobre la base del respeto y la tolerancia.
Debemos abrir caminos a la expresión democrática, para que los estudiantes puedan reclamar una educación digna para su época, los periodistas puedan ser escuchados, los campesinos puedan luchar, reclamar sus tierras y se le generen incentivos preferenciales para constituirlos en foco de desarrollo del país y de la región; y para que los empresarios y la sociedad en general puedan expresar nuevos retos y alternativas económicas para su desarrollo, crecimiento y la del país.
Debemos escoger a un líder que nos invite a soñar a cada uno de nosotros con un país próspero y gobernable. No más a la clase política tradicional que no propone nada, sino odios, populismo y palabrería barata, porque no da la talla que el país y los colombianos necesitamos. No más a unos caciques que provocaron un colapso histórico en el país en todos sus órdenes, y a quienes le debemos la corrupción y la falta de meritocracia y honestidad que se requiere en los cargos públicos.
Es el momento de la unión no solo entre el pueblo colombiano, sino entre los candidatos amantes de la paz, pero especialmente entre aquellos que poseen un lenguaje serio, reconciliador y que renuevan la esfera política con sus ideas, con sus figuras, y con sus ideales democráticos y liberales.
Lo cierto es que el próximo presidente deberá tener la mayoría en el congreso para poder gobernar, el problema es que los candidatos a estas instancias no representan con sus excepciones, la expectativa y la altura que se requiere. Pareciera ser que seguiremos con los mismos y con las mismas. ¡Pobre país!
Este es el reto de los actuales candidatos a la presidencia: Renovar el congreso. ¡Que tarea……… ¡
(*) Ex.diplomática[/vc_column_text][vc_column_text]http://www.eje21.com.co/2018/01/elecciones-presidenciales-2018-hacia-el-precipicio-o-hacia-la-esperanza/[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]