Macondo quedó pequeño ante el cinismo de algunos

  • Tiempo de lectura:5 minutos de lectura

[vc_row css=».vc_custom_1423751086688{margin-bottom: 0px !important;}» parallax_background=»»][vc_column][vc_column_text css=».vc_custom_1565901890039{margin-bottom: 38px !important;}»]Algunos despectivamente miran al África por lo que se conoce de este continente en los medios de comunicación, y lo hacen como si en Colombia no pasaran las mismas cosas. Claro está, que en Colombia llevamos dos siglos de independencia y en algunos países del África solo tienen 60 años de haberla logrado, con lo cual ya se marca una diferencia importante, sin mencionar otros aspectos particulares de cada país, en comparación con el nuestro.

En la Guajira, por no mencionar otros departamentos, se ha venido hablando de la desnutrición infantil, la sequía y la pobreza, y eso sin referirnos a la corrupción en la que está inmerso este departamento; problemas que parecerían más que macondianos y salidos de una película de terror, pues por lo que dicen las noticias de prensa, esta comienza por las propias autoridades que en teoría deberían estar comprometidos en la solución inmediata del problema, y en saber gerenciar los dineros y los alimentos que se han conseguido para la población wayúu que por cierto forma parte de la minoría indígena, cuyos derechos están protegidos constitucionalmente, y que no solo vienen de la época precolombina sino que en lo que se refiere a menores de edad, tienen una protección  aún más especial, y por qué no decirlo, supranacional.

Recientemente se habla sobre el documental “El río que se robaron”, cuyo autor es Gonzalo Guillén, documental que, según su autor, es el resultado de una investigación que trata de “explicar por qué los indígenas wayúu se están muriendo de hambre y de sed”.

Según noticia de prensa, el documental de Guillen, explica que a partir del caudal más importante de la Guajira, el río Ranchería, se construyó la reserva desconocida por su puesto, por los indígenas, con lo que se pretendía guardar agua para poder abastecer por lo menos a nueve municipios.

“Pero con el tiempo, según la investigación, los intereses cambiaron y la reserva del Ranchería se convirtió en el principal proveedor de agua para la multinacional el Cerrejón y para las grandes haciendas de poderosos guajiros”.

Lo anterior de llegar a ser cierto lo anterior, además de escandaloso, inmoral y delictivo, sería el más alto símbolo de peligro para la democracia y sus instituciones, pues en una sociedad donde la vida no vale nada y los niños que se suponen son el futuro del país sin importar la condición social a la que pertenezcan, no tienen importancia ni protección alguna.

Lo lamentable es que la clase política que debería ser la más interesada en el tema, al parecer no lo es, y sus preocupaciones consisten en evitar que las reformas sociales importantes tales como la reforma rural o la reforma agraria no se lleven a cabo, porque se verían afectados sus intereses personales de alguna forma.

El ejemplo típico de ello, lo estamos viendo en algunas de las negociaciones que se llevan a cabo actualmente para dilatar los acuerdos que el Gobierno firmó con el grupo de las FARC.

Lo paradójico es que se viene hablando desde hace tiempo sobre el peligro que representa el castro chavismo, o el modelo del Sr. Maduro en Venezuela, pero no nos damos cuenta de que la falta de presencia del estado en poblaciones como la wayúu, o en sitios como La Guajira, El Choco, y otros tantos donde la presencia del estado brilla por su ausencia, es lo que hace que no solo los partidos políticos pierden credibilidad, lo cual se ve reflejado en la gran abstención de las últimas elecciones, y además hace que vayamos rápidamente a ese modelo que tanto nos disgusta, sin dejar de mencionar que ante estos ingredientes, el resultado de todo es la guerra como consecuencia de la injusticia social, y el caldo de cultivo para grupos insurgentes que se aprovechan de esta situación.

Resulta entonces antipático ver como algunos miran con desprecio a nuestras minorías considerándolas ciudadanos de segunda, como si en el mundo no fuéramos todos iguales, con dignidad humana y sujetos de derechos y obligaciones.

La primera reforma que se debe hacer en el país es para la propia clase política, pues pareciera que algunos de ellos son la fuente de la discordia y la piedra en el zapato para la paz y para las reformas sociales que el país necesita, así como para la lucha contra la corrupción y la creación de una cultura de legalidad que tanto requerimos los colombianos, no solo para alcanzar el desarrollo que como país demandamos, sino para la convivencia pacífica.

Cuando hablamos del África y para quienes conocemos ese hermoso continente, hay algo que aprender de ellos y es el sentido de valores como la solidaridad, la familia y la lealtad, que a nosotros al parecer se nos olvida en ocasiones, así como su humildad en reconocer las falencias que se tienen.

Mientras sigamos tapándonos los ojos y los oídos para no ver ni escuchar lo que pasa a nuestro alrededor, y continuemos con agüitas tibias ante los problemas fundamentales del país, vamos acercándonos al abismo y a la consecución de un estado fallido. Así que tomamos conciencia y somos proactivos para atacar la corrupción, la desnutrición, y otros males que tanto nos aquejan como sociedad y como país, o vamos rumbo al fin de la democracia y al inicio de la anarquía.

(*) Profesora universitaria y ex diplomática.[/vc_column_text][vc_column_text]http://www.eje21.com.co/2016/10/macondo-quedo-pequeno-ante-el-cinismo-de-algunos-politicos/[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]