¿Qué pasó?

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[vc_row css=».vc_custom_1423751086688{margin-bottom: 0px !important;}» parallax_background=»»][vc_column][vc_column_text css=».vc_custom_1565900317936{margin-bottom: 38px !important;}»]Los recientes resultados electorales del plebiscito ameritan diferentes análisis que dejen de lado los sentimientos en contra que generan, y la polarización que tanto daño le hace al país.

En medio de la desesperanza, la desilusión, la frustración y la impotencia por parte de los seguidores del SÍ, y el espíritu triunfalista de los seguidores del NO, hay una Colombia que no tiene educación política ni compromiso por las cosas fundamentales de su país, lo cual se plasmó en la abstención enorme que se tuvo, generando una apatía en algo tan trascendental para el país, con lo cual debemos estar alerta ante esta situación, porque es un signo peligroso para la democracia, y un paso agigantado para el fortalecimiento de un populismo dictatorial.

Parecería ser que lo que está pasando en estos momentos en Colombia es el brexit colombiano, con el que los únicos perdedores somos el pueblo colombiano y en especial los campesinos, que viven en la violencia y en la guerra.

Se exacerbaron miedos y mitos como el del “castro-chavismo”, sin darse cuenta que la falta de una reforma agraria, la gran diferencia entre ricos y pobres unidas a la injusticia social nos conducen a pasos agigantados a este modelo, y abrimos el espacio a la violencia, al alejamiento del estado respecto a los más necesitados.

Es lamentable que el país se haya polarizado entre dos figuras y entre dos alianzas, recordándonos así las viejas luchas entre los liberales y los conservadores, parecería ser entonces que hemos retrocedido y no avanzado.

Lo anterior, sin mencionar la lucha por el poder ni los egoísmos que estimulan los protagonismos para quedar de libertadores de la paz, cuando lo que se debe propiciar es la unión de todos los líderes y de toda una nación hacia unos mismos fines: La paz, la democracia, y la gobernabilidad.

En un momento histórico, cuando se firmaron los acuerdos del fin del conflicto el pasado 26 de septiembre en Cartagena, Colombia fue el símbolo esperanzador de la paz en un mundo convulsionado y en llamas por el flagelo del terrorismo y de la miseria, constituyéndonos en un modelo a seguir.

Pareció entonces que junto al hecho del acercamiento entre Estados Unidos y Cuba donde ese mismo día se nombró embajador estadunidense para la isla, Colombia ponía fin a la guerra fría en América Latina y abríamos un espacio sin precedentes.

Hoy el mundo, ante los recientes resultados electorales, nos mira desconcertado y atónito, como si nosotros los colombianos que tanto hemos sufrido por la guerra y hemos sido estigmatizados por la misma, no quisiéramos la paz sino apoyáramos las causas generadoras de la violencia y el atraso, sin vislumbrar el desarrollo que traería la paz y por ende la prosperidad y el desarrollo de las regiones, consolidando de esta forma las instituciones democráticas.

Pero tratando de ser optimistas ante las circunstancias, solo nos resta pensar y desear que en la cita que tendrán mañana los dos líderes: el presidente Juan Manuel Santos y el senador Álvaro Uribe, tengan la grandeza que Colombia y su pueblo requieren ante las circunstancias que vivimos.

Recordando los dichos populares, ojalá podamos decir que no hay mal que por bien no venga, y que entonces de esta reunión salga un país unido, consolidado y la paz sea un hecho y no un sueño anhelado por todos los colombianos.

Por su parte, muchos juristas y colombianos aún se siguen preguntando el porqué del plebiscito, cuando la constitución colombiana faculta al presidente a negociar estos acuerdos y hacerlos viables de inmediato sin necesidad de refrendación popular, tal como ha ocurrido en otras ocasiones en el pasado, por el simple hecho de que la paz es un derecho fundamental, para lograr el cual el Jefe del Estado puede pasar incluso por encima de la mayoría.

En este momento, ante las circunstancias y sin quizás buscarlo, los del NO han empoderado a las FARC; ellos siguen con la bandera de la paz, la cual usarán políticamente, y por supuesto defendiendo unos acuerdos que firmaron frente a la comunidad internacional que fue testigo de los mismos.

Lo que todos se preguntan es, ¿dónde están los jóvenes que han perdido su protagonismo, su fuerza y el compromiso por el país? ¿Acaso se han olvidado de lo que representaron en la época de la “séptima papeleta”?

Lo único que nos resta a cada uno de los colombianos es unirnos y pensar en Colombia. Debemos hacer esfuerzos de reconciliación y de solidaridad con aquellos hermanos que sufren el abandono del estado, que viven en guerra y en la miseria.

Dejemos de lado las divisiones partidistas e ideológicas, y centrémonos en lo fundamental: ¡La paz de Colombia!

 (*) Profesora universitaria y ex diplomática.[/vc_column_text][vc_column_text]http://www.eje21.com.co/2016/10/que-paso/[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]