[vc_row css=».vc_custom_1423751086688{margin-bottom: 0px !important;}» parallax_background=»»][vc_column][vc_column_text css=».vc_custom_1565906556878{margin-bottom: 38px !important;}»]Es tanta la falta de valores que hemos sufrido como país, que ya no entendemos el significado de “justicia” y “solidaridad”.
Parecería ser que el refrán popular “la justicia es para los de ruana” cobra cada vez más fuerza.
Comparto con ustedes un hecho flagrante de injusticia e insolidaridad que sucedió el pasado 28 de marzo en la carrera 5ª con calle 59, al frente de la Universidad de La Salle en la capital del país.
Una anciana que se veía un poco rara de aspecto y parecía estar perdida y ser una persona de escasos recursos, se encontraba caminando por la acera de la calle, pidiendo limosna. De repente quiso atravesar la calle por la zona acebrada que le permitía el paso a ella, lo cual hizo en seguridad pues se encontraba en su derecho como peatón y cumpliendo las reglas de tránsito.
Repentinamente vino un taxi que no disminuyó la velocidad, y arrasó a esta viejita, arrojándola como a 3 o 4 metros aproximadamente.
Cualquiera consideraría una fortuna ver que venía un policía en una moto, (lo cual era realmente un milagro), a solucionar el problema, a multar al taxista por exceso de velocidad, y a auxiliar a esta venerable anciana para ver qué fue lo que le pasó y llevarla a un hospital.
La triste sorpresa que nos llevamos quienes presenciamos el incidente, fue que la policía se puso de parte del taxista, regaño a la viejita y no pasó nada. El taxista se fue campante, la pobre anciana como pudo se paró y se fue con todos los consecuentes dolores, no solo los físicos, sino principalmente los del alma.
Este hecho que va contra todo sentido de justicia, de ética, de legalidad, de solidaridad, es una muestra de la falta de valores en la que nos han dejado el facilismo del narcotráfico, la corrupción y la mermelada de los políticos (con algunas pocas y honrosas excepciones), la falta de familia como célula del estado, la insolidaridad de los colombianos y la injusticia en general en la que vivimos los colombianos.
De nada nos sirvió protestarle al policía para que cumpliera con su deber y acudiera a auxiliar a la señora de la tercera edad y a sancionar al taxista.
Para el policía y el taxista, esta señora que, además de tener los mismos derechos de todo el resto de colombianos y estar, por su condición de anciana, protegida en sus derechos fundamentales y/o por leyes internacionales supranacionales que están reconocidos en nuestra constitución como derechos de obligatorio cumplimiento y de prevalencia junto a los derechos de los niños, niñas y adolescentes, esta señora era como desechable, y no valía la pena cumplir con la ley.
Eso nos da una idea de hasta qué punto estamos sumidos en una cultura de la ilegalidad y la intolerancia. Lo lamentable de ello es que lo vemos reflejado en esta contienda electoral. La doble moral de algunos colombianos y el espíritu de Judas Iscariote de algunos otros, termina en lo absurdo. Se quejan de los políticos corruptos, pero votan por ellos. Si no fortalecemos nuestras instituciones democráticas y nos rehacemos como sociedad, como nación, como familia, nos llevó el diablo como dicen las abuelas.
(*) Ex diplomática[/vc_column_text][vc_column_text]http://www.eje21.com.co/2018/04/justicia-y-solidaridad/[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]