Reflexiones para el futuro
Nos preguntamos si la historia se repite y algunos podrán decir que sí cuando no se conocen los hechos que marcaron al país y a la democracia a través del tiempo; y, también, cuando, de manera testaruda, no queremos aprender de ella, porque existen intereses por debajo de la mesa que priman más que el presente y el futuro de Colombia.
Lo que hemos visto a través de este siglo XXI en Colombia es el ascenso de la crisis de los partidos y la pérdida de su ideología, y, sobre todo, de la disciplina que ellos deben tener por dentro de su organización. Parecería que olvidaron que los partidos son parte fundamental de la democracia.
Ya no se pueden diferenciar los conservadores de los liberales, por ejemplo; y menos el Centro Democrático de otros partidos, o estos otros entre sí.
Lo que hemos visto es una derecha aparentemente desgastada y corrupta, con una izquierda que no sabe gobernar y que comienza a dar escándalos de corrupción. Claro que como en política nada se sabe a ciencia cierta, ya que las jugadas traicioneras y mentirosas van y vienen con tal de matar políticamente a alguien y lograr que los carteles que al parecer existen en este medio no pierdan el control, su poder y sus prebendas.
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Es una pena que algunos de la clase política no entiendan la responsabilidad que tienen, y que, con sus actuaciones, están enterrando el Estado de Derecho y la democracia.
Gustavo Petro representó para algunos la esperanza de una verdadera justicia social y de una serie de reformas que se requieren a gritos desde hace años para que no vayamos a terminar como Venezuela, y pudiéramos dejar de ser uno de los países más inequitativos del mundo.
Algunos consideraron que el presidente Petro podría ser el Alfonso López Pumarejo que hizo historia y que llevó a cabo una de las más importantes reformas sociales que hemos tenido hasta ahora.
Lastimosamente, si bien es cierto que existen, al parecer, por parte de otros sectores de la sociedad y de la clase política, muchos intereses para que estas reformas no se lleven a cabo, también es cierto que la división al interior del partido del Gobierno y los recientes escándalos le han hecho perder gobernabilidad al presidente.
Petro debe recomponer su imagen, ya que en temas internacionales ha conquistado con propuestas novedosas e interesantes, pero todas estas algarabías le pueden hacer mucho daño al presidente y, de paso, al país.
Lo que parece curioso es que después de todas las ollas podridas que se destaparon con las declaraciones de Mancuso, el robo a Ecopetrol, la desaparición de bienes incautados en la SAE, el caso de Óscar Iván Zuluaga vinculado a Odebrecht, con el escándalo de Nicolás Petro Burgos parecería que se congelaron todas las investigaciones sobre estos hechos de corrupción, como si el caso del hijo del presidente fuera más importante que los otros presuntos delitos, cuando no debe ser así.
Lo cierto es que la izquierda deberá recobrar su credibilidad y constituirse en una verdadera esperanza para el país si quiere seguir gobernando y en particular para sacar adelante las propuestas de su líder en el Gobierno.
La sociedad civil también tiene su dosis de culpabilidad por seguir eligiendo a los mismos corruptos.
Debemos poner al país por encima de nuestros intereses particulares si en realidad queremos tener la calidad de vida que nos merecemos en esta Colombia con justicia social, democracia, gobernabilidad y Estado de Derecho.
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*Exdiplomática y escritora.
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