La corrupción y el posconflicto

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[vc_row css=».vc_custom_1423751086688{margin-bottom: 0px !important;}» parallax_background=»»][vc_column][vc_column_text css=».vc_custom_1565903571527{margin-bottom: 38px !important;}»]Con beneplácito se leen las noticias relacionadas con las disposiciones que se están tomando para luchar contra la corrupción por parte de los funcionarios públicos. El flagelo de la corrupción debilita las instituciones democráticas, y pone en tela de juicio la efectividad de la justicia y por ende de la misma sociedad entendida esta como el componente de distintos gremios, entre ellos los económicos y el político; pues la corrupción tiene tentáculos que afecta todo el esquema social.

La lucha contra la corrupción debe ser una política que forme parte de la nueva cultura de legalidad que los colombianos debemos  tener y  fortalecer cada día más.

El combate a la corrupción es a la vez una, entre otras muchas, de las directrices a seguir en este proceso de posconflicto, como parte de la eficacia y consolidación de la paz, y como resultado de un compromiso entre todas las representaciones públicas, económicas, y de  la sociedad civil.

Como parte de las políticas a seguir, se encuentra a su vez la política de bienestar que se refleje en la calidad de vida del conglomerado, con la que se aumente la igualdad en la distribución del ingreso y las oportunidades sociales en el país, con acceso a los servicios públicos básicos, a la salud, a la educación, al empleo, a la recreación, etc.

Es importante generar reformas estructurales que le permitan a la sociedad civil el acceso a la propiedad de los recursos productivos y fuentes de capital, y que así se incremente el empleo y los salarios.

La educación, su accesibilidad, su calidad y la reconstrucción de valores y la calidad de la misma, serán la columna vertebral para el despeje de una sociedad más educada en donde la tecnología y la ciencia tengan su asiento en primera fila. Una sociedad más educada es inversión en el capital humano, y significa bienestar y desarrollo para el país.

La reconstrucción de valores será la piedra angular para la creación de una cultura de legalidad, y para un buen entendimiento de los derechos, que permita una educación que se imparta con disciplina, y genere competencia y no mediocridad.

Una buena política fiscal será fundamental para el desarrollo del país, y como un medio para disminuir la dicotomía entre eficiencia y equidad.

Es un largo camino por recorrer, pero es hora de comenzar, y lo primero que hay que hacer es fortalecer la democracia y la credibilidad en sus instituciones, fortaleciendo las ramas del poder y logrando un cambio de mentalidad de todo un país, a fin de volver a construir valores basados en la ética y la moral. Como dirían las abuelas, “que vuelva la urbanidad de Carreño”

El combate a la corrupción será fundamental para evitar el desangre del país y la permeabilización de la sociedad. Urge una educación en todo nivel para crear una cultura de la legalidad que nos permita volver a creer en nuestro país y en nosotros mismos y evitar de esta manera el surgimiento de personajes nefastos en la vida política nacional, así como el surgimiento de líderes populistas que solo responden al sentimiento de inconformismo, cansancio, frustración y rabia de un pueblo que busca con urgencia un líder que canalice de manera seria esta problemática, encontrando soluciones que nos lleven a una verdadera construcción de la paz, del país, y de su democracia.

La paz no se construye sin la unidad y el compromiso de todos los colombianos. Todos deberemos hacer nuestros aportes como ciudadanos; será una inversión en el país y para cada uno de nosotros.

 

(*) Ex diplomática[/vc_column_text][vc_column_text]http://www.eje21.com.co/2017/01/la-corrupcion-y-el-posconflicto/[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]