La Vergüenza de ser colombiano
Celebramos el día de la independencia olvidando nuestra historia y sin aprender de ella.
Un país conocido desde sus orígenes por sus guerras, divisiones y odios entre sus habitantes, y no hemos avanzado. Han pasado 214 años y seguimos como sociedad siendo insolidarios, barbaros y polarizados.
Nos matamos en la guerra de los Mil días; por la avaricia y falta de patriotismo perdimos Panamá; hemos regalado parte de nuestro territorio por falta de una verdadera identidad nacional; y lo peor, nos volvimos a matar en el conflicto partidista que se originó con el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, y ahora poco nos importa la suerte de los colombianos que viven en las regiones y que por negligencia del Estado se encuentran confinados en poder de los delincuentes.
Hablamos de acabar con la polarización y seguimos atizándola. Ahora las fobias se incrementan, como la aparofobia, el racismo, y el resentimiento social.
Los discursos de los políticos no tienen el fundamento de los dirigentes de antaño, es decir, el populismo, la demagogia, la corrupción y la indiferencia por el país son el pan de cada día.
Lo más grave, es que como todo tiene las dos caras de la moneda, es decir, lo positivo y lo negativo, con la tecnología nos robotizamos y hemos perdido la cordura, la capacidad de razonar de unirnos en una sola bandera por el país y por la cohesión social, y nos dejamos influir por la irresponsabilidad de algunos medios de comunicación que con sus noticias falsas exacerban el odio y la polarización.
Los malos ejemplos de algunos políticos nacionales e internacionales como Donald Trump entre otros, la mala herencia del narcotráfico, los monopolios, la pésima distribución de la tierra y la inequidad social son los antivalores que enarbola una parte de la sociedad y de la clase política, haciéndolos ver como los valores y ejemplos a seguir, estrangulando así la democracia y la razón de ser del Estado de Derecho.
Como si fuera poco, la impunidad y la falta de control del Estado sobre los territorios, unidos a la falta de voluntad política nos lleva a la hecatombe como país y como sociedad, sin asumir nosotros mismos la responsabilidad que como dirigentes y ciudadanos tenemos.
Es más fácil lavarnos las manos como Pilatos y culpabilizar a otro de los males que tenemos, olvidando que las causas de estas problemáticas se encuentran en nuestra propia historia y en nuestra manera de pensar y de percibir las situaciones; por resultan urgentes un cambio de mentalidad y una revolución cultural para que en realidad retomemos el control del país y de nosotros mismos.
Un día como hoy en el que celebramos nuestra independencia, debemos llamar a la reflexión y a un acto de contrición para que de manera constructiva nos unamos como nación dejando las ideologías políticas, ya que la único que amerita construir es a Colombia.
No es motivo de orgullo sino de vergüenza el celebrar nuestra independencia porque seguimos subdesarrollados y estamos aniquilando el país.
La violencia nos invade y la podredumbre de algunas manzanas en las instituciones del Estado son cómplices de esta situación y la promueven. ¡Qué vergüenza!
¿Cómo generar confianza entre nosotros mismos, mejorar nuestra imagen en el mundo y conseguir inversión extranjera, si nos damos un tiro en el pie?
Con que moral nos dan lecciones los partidos políticos, si no existen, carecen de disciplina y no realizan las reformas sociales que se requieren para que dejemos de ser el segundo país más inequitativo después de Haití.
Unirnos en un partido de futbol no está mal, pero lo que debemos hacer es unirnos como nación para reconstruir a Colombia y poder decir con orgullo que somos colombianos.
Se nota la descomposición social en la que estamos, cuando no solamente somos violentos, irrespetuosos y carecemos de tolerancia, sino que hacemos el oso internacional no solo a causa de algunos diplomáticos que dan mal ejemplo, sino colándonos en el estadio en Miami para entrar gratis a un partido de futbol, así como lo hacen para no pagar el tiquete de Transmilenio en Bogotá y en otras ciudades del país.
¡Despertemos! Para que en verdad nos sentamos orgullos de nuestra nacionalidad y de nuestro país. Cuidemos nuestra geografía, nuestras riquezas, nuestro patrimonio y mirémonos como hermanos.
(*) Exdiplomática y escritora