De halcón a paloma
Hablar de China es referirse a las dos caras de una moneda: el gigante asiático con una economía capitalista que busca posicionarse en el contexto internacional, que pretende quitarle la hegemonía a los Estados Unidos, y que juega a la paloma de la paz; y que, por otra parte, muestra las garras del halcón con Taiwán.
En términos políticos, es el país comunista más importante y uno de los grandes violadores de los derechos humanos en el mundo.
Recientemente, el presidente Xi Jinping reafirmó su liderazgo, no solo como el presidente de China, sino como el secretario del partido comunista, con lo que recrudeció su política cerrada y acentuó el comunismo, desplazando así a otros líderes que antes tuvieron asiento dentro del comité central del partido.
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En la reciente visita realizada por el presidente Emmanuel Macron a Pekín, el pasado mes de abril, luego de que los dos líderes apoyaran e hicieran un llamado por la paz en Ucrania, China mostró sus dientes con Taiwán, en una exposición militar que realizó en aguas de esta isla, mostrando su poderío y su intención de disuadir.
Su discurso de mostrarse como un país mediador, pacificador, amante de la paz y al cual nadie le debe temer se viene abajo cuando su actuación con Taiwán es beligerante e intimidatoria, ya que envía de manera regular aviones y barcos de combate para fingir ataques en esta isla.
Por su parte, Taiwán tiene una importancia no solamente geoestratégica, debido a sus rutas de navegación que son altamente concurridas, sino que explayan cables submarinos de telecomunicaciones que ligan o se enlazan con Asia y Europa.
Además, Taiwán produce el 60 por ciento de los semiconductores para el mundo, lo cual es importante desde el punto de vista tecnológico, ya que son elementos que se comportan como un conductor o como un aislante dependiendo, de algunos aspectos puntuales y, por ende, son de gran utilidad.
Algunos analistas consideran que la tercera guerra mundial se llevará a cabo a causa de un error de cálculo de China sobre la isla, lo cual va a provocar una reacción de Estados Unidos, debido a que este país se ha comprometido a ayudar a la defensa de Taiwán.
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Recordemos que fue esta isla la que informó a la Organización Mundial de la Salud sobre el brote del virus en Wuhan, a finales de 2019, pero esta organización internacional le restó importancia en su momento.
La presión que ha venido ejerciendo China de manera permanente sobre Taiwán es fuerte, no solamente en el aspecto diplomático, al evitar que los países reconozcan a la isla como un país soberano, sino en el contexto multilateral en donde ejerce una gran influencia; tal es el caso en Naciones Unidas en las que entorpece el reconocimiento de Taiwán como miembro de organizaciones multilaterales, como es su ingreso a la Organización Mundial de la Salud.
Su discurso anticolonialista contra occidente en el África es ridículo ya que no solamente ha sido colonialista en el pasado y lo es en el presente cuando se anexó el Tíbet, participó en las guerras de Corea y Vietnam, y violó sus compromisos con el Reino Unido al apoderarse de Hong Kong. Recientemente se le acusó al gigante asiático de despojar territorios fronterizos con India y de mantener disputas marítimas con varios países en el Mar de China Meridional.
China usa su discurso multilateral, es decir, múltiples centros de poder, y es patrocinador para la creación de estos nuevos bloques a fin de restarle poco a poco poder y liderazgo a lo que el líder chino llama la hegemonía de los Estados Unidos, y así acercarse cada vez más a otros países en busca de acrecentar su poder. Todo ello ha causado tensiones internacionales.
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Recientemente, dentro del escenario de los BRICS, el gigante asiático está buscando que estos países realicen sus transacciones en su moneda como una manera de ir desbancando al dólar como la divisa internacional. De hecho, Brasil es uno de los países que usa el Yuan para sus intercambios comerciales con China.
Su alianza con Rusia como países que conforman un bloque autoritario, es la manera de trabajar en conjunto como lo han venido haciendo en el África, por ejemplo, y en algunos países de América Latina, para ir ganando espacio y poder como una forma de hacer contrapeso a occidente.
El mundo y, en particular, África y América Latina, deberán saber jugar con China, ya que nada es gratis para el gigante asiático, a pesar de su sonrisa de buen samaritano.
Debido a su tamaño y a su economía, este país es un gran extractor de recursos naturales en el mundo y el mayor contaminador internacional que no cumple los acuerdos globales para combatir el cambio climático, ya que lo único que le interesa es su proyecto de la Ruta de la Seda y rejuvenecer a la nación china, pero, para esto último, requiere seguir creciendo mientras aumenta su influencia diplomática, para lo cual necesita de occidente.
Siga con más, de Clara Inés Chaves*: El mundo al revés en la Universidad Nacional
*Exdiplomática y escritora.
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