
La flagelación de los Estados africanos por parte de aquellos que dirigen el mundo, para parafrasear a Jean Ziegler, los reenvía a la parte más oculta del iceberg, es decir, al cuestionamiento ontológico de ser de África en la política internacional: se trata de la negación de que África cuna de la humanidad tiene la capacidad de pensar por sí misma acerca de sus problemas y de proponer soluciones para controlar su propio futuro (Wabgou, Kabunda & Ngoie, 2018: 20).
Son muchos mis alumnos y alumnas que se quedan boquiabiertos cuando en las primeras sesiones de mi curso de Política Internacional de África les presento una narrativa sobre el hecho histórico y científico según el cual África es la cuna de la humanidad. Si esto es una realidad en el ámbito universitario donde me dedico a la investigación mientras imparto clases, la situación se vuelve más desafiante e interesante cuando, por invitación de algunas organizaciones sociales, no gubernamentales e instituciones de educación, formación y defensa de derechos humanos, entre otras; imparto conferencias magistrales en diversos escenarios académicos y no académicos y suelto esta verdad terca y provocativa al gran público con quien interactúo sobre distintos aspectos de las realidades africanas que engloban temáticas como la historia de África, sus políticas, sus culturas, sus producciones científicas, artísticas, cinematográficas, su pasado, su presente y sus desafíos de cara al futuro.
Por ello, al responder favorablemente a la invitación de proponer un escrito corto en este espacio, pensé en este gran público y no dudé en definir y centrar mi tema analítico y de reflexión sobre el papel que juega África en la comprensión del origen de la humanidad. Y definitivamente, creo que la necesidad de situar a África en un lugar merecido en el siglo XXI y de contribuir a romper con el “silencio de los tambores [africanos]” (González, 2000) en el escenario internacional pasa también por esclarecer y visibilizar el hecho científico de que África es la “Cuna de la humanidad”, guste o no a los afropesimistas radicales, grupos neonazis, racistas y fanáticos, eurocéntricas occidentales2 y de otras partes del mundo.
En efecto, a partir del 30 de noviembre de 1974, día en el cual el esqueleto de “Lucy3”, un espécimen fósil de la especie extinta Australopithecus afarensis que data de hace 3,2 millones de años, es descubierto en Etiopía por un equipo de científicos estadounidenses, etíopes y franceses4 que realizaban excavaciones en el desierto de la región de Afar, en el noreste de Etiopía, la historia del mundo cambió. Esta historia fue concebida por mucho tiempo como una metanarrativa, “una historia única” (Chimamanda, 2009) marcada por el eurocentrismo y el occidentalismo exacerbado. Pues siendo Lucy el primer fósil relativamente completo (40% de sus esqueletos) que se ha descubierto para un periodo tan antiguo, además de tratarse de una mujer, el rumbo de la historia cambia en lo relacionado con el origen de la humanidad. Sin duda, este descubrimiento cambia la historia porque revoluciona el conocimiento de la Historia de la evolución humana. Los científicos del equipo de estaban en búsqueda de huesos de homínidos los encontraron a duras penas. Y lo que no se esperaban era encontrarlos en un estado tan relativamente completo. Lucy revolucionó nuestro conocimiento sobre los orígenes de nuestra especie humana; revolucionó nuestra percepción de los orígenes humanos, al demostrar que la adquisición de la postura bípeda se remonta a por lo menos 3,2 millones de años. Lo que contribuye así a confirmar la hipótesis de “África, cuna de la humanidad”.
Sin embargo, por la impronta más cercana al humano que al animal (chimpancé o gorrilla) que posee Lucy, se debe diferenciar de Toumaï y Dorrion que fueron descubiertos respectivamente en los años 2001 y 2000 también en África. En efecto, el Toumaï, un cráneo fósil de 7 millones de años fue descubierto en Chad (en la región desértica de Toros-Menalla situada a unos 800 km al norte de N’Djamena), el 19 de julio de 2001 por un equipo de investigadores paleoantropólogos franco- chadianos dirigido por el profesor Michel Brunet: se trataba de la Misión paleoantropológica franco- chadiana (MPFT). Pues los miembros de la misión eran franceses y chadianos: el chadiano más conocido del equipo se llama Ahounta Djimdoumalbaye (era un estudiante de la misión, considerado el mejor «cazador» de fósiles del equipo—). El hueso de la calavera fue bautizado Toumaï, denominación que significa en lengua gorane, “esperanza de la vida”. Y su nombre científico es Sahelanthropus tchadensis (Hombre del Sahel chadiano).
Por su parte, Orrorin tugenensis, de 6 millones de años, fue descubierto en las proximidades de la localidad de Tugen (un área montañosa en Kenia) y desenterrado en el año 2000 por un equipo de investigadores compuesto de la paleoantropóloga francesa Brigitte Senut, el inglés Martin Pickford y otros colaboradores.
Ahora, la pregunta que permanece hasta el día de hoy sobre Toumaï y Dorrion y cuya respuesta aún no es definitiva es la siguiente: ¿son ancestros del ser humano o de los chimpancés? Y eso, a pesar del cuestionamiento de la teoría East Side Story, según la cual la separación entre homínidos y los grandes simios se explicaría por la formación de la Gran Grieta, esa inmensa fractura tectónica que recorre el Este de África. Sin duda, la pregunta no se hace en el caso de Lucy: ella es y sigue siendo por el momento la bípeda o la prehumana perteneciente al grupo de homínidos más cercano a los humanos: representa al ancestro más antiguo del humano; es decir, que encarna el homínido más antiguo del linaje humano.
En los tres casos, Etiopía, Kenia y Chad se constituyen territorios africanos, marcados por la historia de la génesis humana; otra razón más por la que se confirma la tesis de África como “cuna de la humanidad”. A eso se agrega el hecho de que más recientemente, contamos con registros de nuevas investigaciones que apuntan al origen del ser humano en la zona correspondiente hoy al norte de Botsuana (restos fósiles de hace 200.000 años, tras investigación basada en el ADN), Marruecos (fósiles del linaje humano datados de aproximadamente 300.000 años) y en Argelia (utensilios de piedra tallada de hace 2,4 millones de años). Así las cosas, se complejiza el rompecabezas de las historias del linaje humano, pero se confirma la idea de que África es la cuna de la Humanidad.
En este orden de ideas, observamos que todo lo anterior valida los resultados de los trabajos de investigación afrocéntrica de Cheikh Anta Diop (1954), plasmados en su libro titulado Naciones Negras y Cultura5. Este antropólogo, científico y hombre político senegalés del siglo XX entregó esta publicación que terminó marcando un hito6 en el campo de estudios africanos y en la historia del conocimiento (epistemología) sobre la civilización africana porque en ello se condesan los trabajos del autor que insisten en el patrimonio cultural y lingüístico de las sociedades del África negra cuyos orígenes remontan al antiguo Egipto donde también quedaron sus huellas. Se demuestra que la idea según la cual la civilización egipcia estaba compuesta en su mayor parte de personas de color de piel negro (o tez negra), se basa, por ejemplo, en las descripciones de egipcios que hacían autores de la Antigüedad como Heródoto, Estrabón o Aristóteles, describiéndolos como personas de “piel negra y pelo/cabello crespo”. Y a Diop, no le bastó observar e investigar en su calidad de científico, sino también realizar varios tests o pruebas de pigmentación en la piel de las momias para llegar a la conclusión de que algunas momias tienen un nivel de melanina similar al de las poblaciones africanas negras. Sin duda, el tema central de la obra se define en torno a los orígenes negros de la civilización egipto-nubia; es decir, el origen africano y negroide de la humanidad y la civilización7. Pues Diop está particularmente interesado en la falsificación y europeización de la historia de África, y en particular del Egipto de los faraones, y en el futuro científico, político y cultural de África.
De esta forma, Cheikh Anta Diop sacude y trastorna la historia mundial eurocéntrica: en esa época, estas ideas parecían tan revolucionarias que muy pocos intelectuales africanos se atrevieron a adherirse a ellas. Pero quien no dudo en seguir las huellas y el sendero cientifico e investigativo de Cheikh Anta Diop es el profesor congoleño (Congo Brazaville) Théophile Mwené Ndzalé Obenga. Pues va a estar positiva e intelectualmente influenciado por Diop a través de sus obras: el personaje senegalés se ha convertido en un camino a seguir, incluso una razón para vivir para el congoleño Obenga (1987). Por lo cual, este último no tardará en señalar ciertas similitudes entre lenguas africanas como el wolof en Senegal con el copto y el egipcio antiguo. Así mismo, Théophile Obenga siguió y culminó su formación para convertirse en un eminente egiptólogo, lingüista e historiador africano y panafricanista. Con Cheikh Anta Diop, defiende una visión de la historia africana reenfocada en las inquietudes de los investigadores e intelectuales africanos, deseosos de revisitar su herencia (afrocentrismo), desde una perspectiva epistemológica que sitúa al antiguo Egipto en lo que considera su “escenario natural africano” y una de las “antiguas civilizaciones negro-africanas”. Así las cosas, Théophile Obenga es y sigue siendo el primer discípulo y verdadero eslabón vivo del legado de Cheikh Anta Diop, un investigador senegalés y panafricanista en los años 50 del siglo XX: pues reiteremos que en aquella época sus planteamientos fueron muy controvertidos en la academia en general y en la francesa en particular.
Ahora en el año 2023, sesenta y nueve años después de la publicación los primeros hallazgos investigativos de Cheikh Anta Diop en el libro Naciones Negras, se confirma que no solamente los grandes temas tratados en el mismo no han pasado de moda, sino que, el tema central sobre el origen africano de la humanidad sigue de moda. Prueba de ello es que suscita todavía interés, debates, rechazos y avales (adhesiones o aceptaciones) de parte del mundo científico. Pues los grandes temas desarrollados en Naciones y Cultura, no sólo no han envejecido o pasado de moda, sino que ahora son cada vez más acogidos y discutidos como verdades científicas como lo ha defendido hasta su último respiro le profesor Jean Philippe Kalala Omuntunde8: prueba de ello es que el descubrimiento de Lucy confirma y consagra maravillosamente al continente africano como la cuna de la humanidad, puesto que en sus territorios surgieron las diferentes especies de homínidos de las cuales derivaron el hombre y la mujer (o el ser humano) quienes se fueron expandiéndose y esparciéndose por todos los demás continentes.
Se observa que los diferentes planteamientos muy positivos acerca del continente africano que derivan del análisis que acabamos de presentar suelen ser ocultados por las narrativas que se suelen escuchar sobre África con manifestaciones y expresiones que vehiculan imaginarios sobre África e imágenes negativas que suelen ser proyectadas tanto desde el interior del continente africano como afuera, con estereotipos y estereotipias de los cuales los más recurrentes apuntan a una África estática y retrógrada. O sea que África y sus poblaciones africanas suelen soportar los efectos del exotismo que focaliza en sus rasgos culturales desconectados de la realidad, llena de luces como las que señalaron científicos e historiadores de la escuela/perspectiva africana del conocimiento que agrupan a personajes como Cheikh Anta Diop, Théophile Obenga, Joseph Ki-Zerbo, Elikia M’bokolo, Aminata Traoré, Adu Boahen, Ade Ajayi, Founou Tchuigoa, Godfrey Uzoigwe, Mubabinge Bilolo, Sembène Ousmane, Pathé Diagne, Amadou Hampâté Bâ, Pierre Oum Ndigi, Jean-Philippe Omotunde, Wole Soyinka, Chinua Achebe, Aminata Sow Fall , Fatou Diome, Nadine Gordimer, por citar algunos.
Es en esta misma óptica afrocentrista que nos inscribimos cuando apuntamos a que: “la subregión africana es considerada como incapaz de organizarse política y económicamente por falta de capacidades y de cultura política: se detestan todas las prácticas políticas, al ser consideradas obsoletas y retrógradas. Desde el occidentalismo, se desconsidera a las aldeas del África negra tradicional, donde se ha practicado un tipo de democracia directa o una democracia deliberativa directa mediante el “árbol a palabras”, encabezada por el jefe tradicional como garante del poder político y las culturas, desconociendo la dimensión religiosa o mística del mismo y la seguridad como parte de un mismo paquete puesto que en torno a este personaje, rodeado por sus notables, se desarrolla toda actividad democrática comunitaria. Las famosas sesiones de “árbol a palabras” y las reuniones de toda la población en la plaza pública o bajo el árbol (el baobab, por ejemplo), convocadas por el Jefe (o por la corte real) constituyen la forma más original y tradicional para
expresar y recoger las opiniones de sus pueblos sobre aspectos políticos, culturales, económicos, militares o de la vida cotidiana. No cabe duda que se trata de una verdadera forma de Democracia Directa de la “Polis Africana” en la cual el Jefe también respeta la ley […]” (Wabgou 2012: 1).
Pues en general, África se vuelve la gran ignorada sobre todo en los medios de comunicación que suelen limitar su interés en hablar del continente africano solamente en momentos de crisis sociopolíticas que conllevan conflictos armados y golpes de estado; cataclismos naturales; enfermedades endémicas, etc. En definitiva, lejos de ser contemplada como la cuna de la humanidad con sus virtudes y limitaciones, África suele ser presentada como un lugar de desperdicio humano: el África del desastre. Así mismo, el continente africano es presentado como un lugar de caos y miseria: “cuando se habla de África, se da una imagen oscura, negra y triste. Se habla de ella sacando guerras, hambre y conflictos. Es una visión unitaria y simplificada de las diversas realidades africanas. Reivindicamos que, cuando se hable de estos fenómenos, se explique por lo menos, las causa que los motivan” (Wabgou, 1998: 4). Y cuando se quiere hablar del continente africano en los medios de comunicación, aun con las mejores intenciones, se suele caer en la trampa del afropesimismo, tal como se presentó aquí en Colombia en el programa (Reality Show) “Desafío 2013. África, el origen”. En efecto, el programa fue criticado severamente, pero siguió su rumbo normal hasta terminar su último capítulo. No importaron las críticas que dirigimos al Canal Caracol cuando decíamos que “Desafío 2013. África, el origen” maltrata la imagen del continente” puesto que “el reality show del Canal Caracol presenta las costumbres senegalesas de una manera homogeneizada y llena de prejuicios, lo que genera una idea errónea de África […] Wabgou señala que las costumbres de los africanos en torno a la comida, el vestido, los lenguajes, los medios de transporte no son estáticas, sino que han evolucionado y siguen transformándose a lo largo del tiempo”9.
A modo de cierre, los planteamientos presentados aquí buscan visibilizar el continente africano como “cuna de la humanidad”; siguiendo nuestro compromiso con África que deriva de nuestra múltiple condición de ser oriundos/as y conocedores/as del continente africano, integrantes de la diáspora africana con visión panafricanista, afrorealistas, afrocéntricos, académicos/as e investigadores/as en el campo de estudios africanos, afrolatinoamericanos y afrocaribeños. Así mismo, nos disponemos a seguir suscitando debates y reflexiones útiles para la contribución de una idea crítica acerca de África. Esas son algunas de las actitudes (o condiciones) más realistas que puedan contribuir a impulsar al continente africano para encontrar, tener y disfrutar de un lugar digno y merecido en el escenario internacional durante el resto y más allá del siglo XXI. Porque África debe jugar un papel cada vez más importante en las relaciones internacionales: pues el protagonismo del continente comienza con “desempolvarlo” de todas características negativas con las cuales está cargada a priori. Eso pasa también por buscar ir al encuentro de África (en sus diversidades), marcada por luces y sombras de su civilización ligada a su posición histórica y ancestral: la de ser la cuna de la humanidad. Este ejercicio implica desvelar el auténtico y verdadero continente (y sus pueblos) que se encuentra detrás de los mitos, imágenes distorsionadas y estereotipos para hacer/construir puentes con África (sus fuerzas y potencialidades): se requiere un blindaje de iniciativas marcadas por acciones concretas en el marco de un nuevo orden de multilateralidad y en el cual África debe situarse no como un problema sino como una oportunidad.
1 Prof. Maguemati Wabgou. Departamento de Ciencias Políticas. Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá. Correo: mwabgou@unal.edu.co
2 Una de las visiones eurocéntricas que prevalecen hoy en día es la de la paleontóloga e investigadora alemana Madelaine Böhme quien, con sus investigaciones sobre el homínido europeo, “desató la polémica al discutir que el origen de la humanidad está en África” (Robledo, 2023) intentando así sacudir el hecho científico que identifica a África como cuna de la humanidad.
3 El nombre Lucy deriva de que, mientras los investigadores listaban en la carpa los fósiles que habían descubierto, escuchaban la canción de los Beatles Lucy in the Sky with Diamonds. Y cuando se cercioraron que estos fósiles correspondían a un ser femenino, decidieron darle el nombre de Lucy porque a los investigadores les llamó mucho la atención la coincidencia de estar escuchando la canción que se refiere a Lucy y estar tratando con un fósil que pertenecía a una mujer. A su vez, cabe mencionar que Lucy fue bautizada Dinknesh en amárico, la lengua oficial (administrativa o federal) de Etiopía; lo que significa “eres maravillosa” o tambien “eres (una) maravilla”. En una comunicación informal que sostuve con el profesor Ezana Habte-Gabr, de origen etíope y excelente conocedor de la lengua amárico, me confirma que Dink significa “maravilla”, y nesh eres (en femenino).
4 Paradójicamente, los directores más mencionados del equipo son franceses (Yves Coppens y Maurice Taieb) y americanos (Donald Johanson y su estudiante en arqueología Tom Gray): observamos que no se suele precisar los nombres de algunos de los científicos etíopes que estuvieron participando en las actividades del equipo
5 Nations nègres et culture: De l’antiquité nègre égyptienne aux problèmes culturels de l’Afrique Noire d’aujourd’hui (titulo original en francés). El libro fue publicado en 1954 por las ediciones Présence Africaine. De igual manera, estos hallazgos tuvieron repercusiones en varios espacios interdisciplinarios y dinámicas investigativas a nivel mundial; tal como se refleja en el trabajo investigativo de Leakey (1982), uno de los investigadores que participo en la publicación del volumen que dirigió Joseph, Ki-Zerbo, sobre Historia general de África. Metodología y prehistoria africana, auspiciada por la UNESCO.
6 Tanta es la fuerza de la obra que el escritor y hombre político Aimé Césaire, en su ensayo Discours sur le colonialisme (1955), dice lo siguiente del libro de Cheikh Anta Diop: se trata de la obra “la más atrevida que ha escrito un negro hasta ahora y que sin duda contará en el despertar de África”. Y sin temor a equivocarme, agregaría: << ¡así fue, así ha sido, así es y así será!>>.
7 Pero también abordó otros temas de suma importancia como la identificación de los flujos migratorios que están al origen de la formación de las diferentes etnias africanas, el problema de la independencia de África y la creación de un Estado Federal Africano continental; este último tema es el que hace de Cheikh Anta Diop, un gran visionario y panafricanista.
8 Oriundo de Guadalupe y panafricanista comprometido, Omotunde fue un ilustre egiptólogo y especialista en matemáticas africanas clásicas con mucha influencia en África y la diáspora africana: Lamentablemente este gran panafricanista y gran conocedor de las complexidades de Egipto en conexión con África, África negra, Grecia y Europa falleció el 14 de noviembre de 2022 a los 55años. Para mayor entendimiento de sus investigaciones, ver por ejemplo Omotunde (2004 y 2000).
9 Advertimos que “buena parte de las imágenes y los discursos derivados del programa afectan negativamente la imagen de África tanto en Colombia como en el resto de los países latinoamericanos”. Además, destaca que el programa se limitó a Senegal; y al no cubrir la totalidad del continente africano, marcado por diversidades históricas, culturales, sociales económicas y políticas; pues el nombre más exacto del programa hubiera podido ser ‘Desafío 2013 El origen’, o ‘Desafío Senegal 2013’, o ‘Desafío 2013’” (ver: https://semanariovoz.com/desafio-2013-africa-el-origen-maltrata-la- imagen-del-continente/ Por Semanario Voz -16 agosto, 2013).
Bibliografía
Chimamanda, Adichie (2009): : “El peligro de la Historia Única” disponible en https://www.youtube.com/watch?v=sYItZ3bTosU (también disponible en https://www.youtube.com/watch?v=D9Ihs241zeg )
Diop, Cheikh-Anta (1954): Nations nègres et culture: De l’antiquité nègre égyptienne aux problèmes culturels de l’Afrique Noire d’aujourd’hui, Présence africaine, Paris :
González, Felipe (2000): “África: el silencio de los tambores” El País, 22 abril de 2000. Disponible en https://elpais.com/diario/2000/04/23/opinion/956440804_850215.html
Leakey, R. (1982): “Los hombres fósiles africanos” en Joseph, Ki-Zerbo, (Dir.) Historia general de África. Metodología y prehistoria africana, Vol. I, Tecnos, Madrid, pp.467-484 (Capítulo 18)
Obenga, Théophile (1973) : L’Afrique dans l’Antiquité : Égypte pharaonique, Afrique noire, Présence africaine, París.
Omotunde, Jean-Philippe K. (2004): Les racines africaines de la civilisation européenne, Menaibuc, Paris
Omotunde, Jean-Philippe K. (2000): L’origine négro-africaine du savoir grec, Menaibuc, Paris
Robledo, J. J.(2023): “Madelaine Böhme, la paleontóloga que sacudió el dogma sobre la cuna de la humanidad”, El País, 17 de marzo, disponible en https://elpais.com/ideas/2023-03-18/madelaine- bohme-la-paleontologa-que-sacudio-el-dogma-sobre-la-cuna-de-la-humanidad.html
Wabgou, Maguemati; Kabunda, Mbuyi & Tshibambé, Ngoie (2018): Estado Moderno, Integración regional y Desarrollo en África: Propuestas para una nueva agenda política y económica, Instituto Unidad de Investigación Jurídico-Sociales Gerardo Molina (UNIJUS), Universidad Nacional de Colombia, Bogotá
Wabgou, Maguemati (2012): “Imaginarios sobre África: retos y alternativas”, Revista Nova Africa, No. 28, julio, Publicación del Centre D’EstudisAfricans i Interculturals (CEA), Barcelona, pp. 1- 11.
Wabgou, Maguemati (1998): “La imagen de África que sale en los medios es mala”, Entrevista publicada en El Progreso, Año XC No. 28.786, 25 de abril, Lugo (España), p. 4
Artículo escrito por el Profesor Maguemati Wabgou
No se pierdan los artículos con relación al África en: https://www.claraineschaves.com/un-camino-al-africa/